Juan Andrés, el jesuita expulsado de España por Carlos III que dio una lección de cultura a Europa El simposio y la exposición «Juan Andrés y la Escuela Universalista Española» reivindican estos días en Madrid la figura de uno de los autores más prolíficos y reconocidos del siglo XVIII Compartir Compartido 234 veces Juan Andrés Juan Andrés - ABC Manuel P. Villatoro - ABC_Historia 24/01/2017 21:42h - Actualizado: 25/01/2017 11:28h.
Juan Andrés, el jesuita expulsado de España por Carlos III que dio una lección de cultura a Europa
El simposio y la exposición «Juan Andrés y
la Escuela Universalista Española» reivindican estos días en Madrid la
figura de uno de los autores más prolíficos y reconocidos del siglo
XVIII
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Juan Andrés - ABC
Un
auténtico abanderado de la Ilustración española en el exilio, además de
un hombre con la capacidad de pintar con palabras pensamientos
desconocidos para la época. La vida del escritor y religioso Juan Andrés y Morell ha caído en el olvido (como la de tantos otros genios de la historia de nuestro país) en las últimas décadas.
Y eso, a pesar de que su existencia supone la perfecta unión entre aventura y avance. Aventura, porque fue expulsado de la Península por Carlos III cuando este abolió la Compañía de Jesús en España. Avance, debido a que escribió más de una veintena de obras reconocidas internacionalmente sobre temas tan variopintos como la observación científica o la historia de la literatura.
Por todo ello (y aprovechando que este año recordamos el bicentenario de su muerte) su legado y su importancia en el devenir del Viejo Continente están siendo reivindicados en «Juan Andrés y la Escuela Universalista Española», un congreso que se celebra los días 24, 25 y 26 de enero en la Facultad de Filología de la Universidad Complutense de Madrid.
El mismo evento va acompañado de una exposición que acoge la Biblioteca Histórica de la UCM y que se extenderá hasta mediados de junio. En ella, se pueden ver 121 piezas relacionadas con la Escuela Universalista (la corriente de pensamiento que creó Juan Andrés junto a otros tantos intelectuales de la época) y del propio autor.
Un jesuita convencido
Juan Andrés nació en Planes (Alicante) allá por febrero de 1740. Mientras Blas de Lezo llevaba a cabo su defensa contra el inglés en Cartagena de Indias, nuestro protagonista se fue curtiendo tanto en el mundo religioso como en el literario de manos de la Compañía de Jesús de Valencia.
Poco
tiempo después, en 1754 (cuando no sumaba ni una veintena de primaveras
a sus espaldas), ingresó en la Orden. «Dentro de un marco común de la
doctrina, los jesuitas de Aragón poseían matices diferenciadores. […] No
era inusual entre los jesuitas valencianos y catalanes encontrar Padres
que mostraran interés por las ciencias naturales y las matemáticas,
buen dominio de las lenguas clásicas, una aproximación crítica a la
historia, y un cierto distanciamiento de la tradición escolástica»,
explica el catedrático Enrique Giménez López en su dossier «Juan Andrés. Viajero neoclásico».
La dura expulsión
Su
siguiente década la pasó aprendiendo entre los libros de sus mentores.
Todos ellos poseedores de una biblioteca envidiable. Mientras, sus pasos
le llevaron a dar clases de retórica como catedrático en la Universidad
de Gandía, dirigida entonces por jesuitas. Todo parecía dicha en su
existencia. No obstante, a Juan Andrés le esperaba una triste fortuna
tras la esquina.
Y es que, en abril de 1767, el monarca español Carlos III promulgó la «Pragmática»,
un texto en el que establecía la expulsión de la Compañía de Jesús de
España bajo el siguiente título: «Pragmática sanción de su Magestad en
fuerza de ley para el estrañamiento de estos de reynos a los Regulares
de la Compañía, ocupación de sus Temporalidades, y prohibición de su restablecimiento en
tiempo alguno, con las demás precauciones que expresa». En la
actualidad, son muchos los expertos que coinciden en que se les obligó a
marcharse del país de improviso y en pocas horas para, de esta forma, evitar una revuelta social de sus partidarios. Ni
Juan Andrés ni sus compañeros supieron jamás las causas que llevaron a
Carlos III a cargar contra ellos. ¿Desconfianza? ¿Riquezas?
Oficialmente, el texto de la «Pragmática» era demasiado vago para
averiguar sus motivaciones. Algo que, según se cree, el rey no hizo en
vano. Así rezaban las líneas del documento en relación a este enigma:
«Por gravísimas causas relativas a la obligación en que me hallo
constituido de mantener en subordinación, tranquilidad y justicia mis
pueblos, y otras urgentes, justas y necesarias que reservo en mi real
ánimo; usando de la suprema autoridad económica que el Todopoderoso ha
depositado en mis manos para la protección de mis vasallos y respeto de
mi corona...». El país se sumó de esta forma a Portugal y Francia, regiones que ya les habían expulsado de sus fronteras en 1758 y 1764.
Igual que sardinas
La
expulsión de Juan Andrés se materializó a principios de abril de 1767.
El día 3, Viernes de Pasión, las autoridades se personaron en el Colegio
de los jesuitas e informaron a la Orden de que deberían abandonar el
país en 24 horas. Aquel día Gregorio Mayans (uno de los
maestros de nuestro protagonista) envió una carta a un sacerdote
residente en Segorbe explicando los pormenores del viaje que se les
planteaba.
En ella, se deshizo en elogios hacia su pupilo: «Sepa usted que Juan Andrés es persona de mucho juicio y bondad,
y muy bien instruido en las letras humanas, y nobles prendas». Para su
desgracia, aquella opinión no le valió al ilustrado para quedarse en el
país que le había visto nacer, y fue enviado como el resto a las playas
de Salou (en Cataluña), lugar donde les esperaban varios buques para
llevarles hasta aguas italianas, donde serían acogidos. Concretamente,
fue embarcado junto a otro medio millar de religiosos en unas barcazas
en las que viajaron apretados, sin apenas comida, y como ovejas.
«Carlos III era un rey profundamente cristiano, pero tenía unos criterios políticos problemáticos»
«Carlos
III era un rey profundamente cristiano, pero tenía unos criterios
políticos problemáticos y recibió muchas presiones en referencia a los
jesuitas. Luego sufrió pesar por lo sucedido. A Juan Andrés, por ejemplo, le envió varios libros de regalo en el exilio» explica, en declaraciones a ABC, Pedro Aullón de Haro (Catedrático de la Universidad de Alicante y comisario de la exposición).
Tal
y como afirma el experto, el clérigo era ya entonces bien considerado
entre los estudiosos de la época. Tanto que algunos llegaron a solicitar
que se hiciera una excepción con él y no se le expulsara de España. Los
ruegos no sirvieron de nada, pues tanto Juan Andrés como un amplio
elenco de jesuitas abandonaron el país. Entre ellos se encontraban
personajes a los que, a día de hoy, también se rinde tributo en el
simposio celebrado en la UCM. Ilustrados tales como Lorenzo Hervás, Antonio Eximeno o el Padre Isla. Además de otros tantos llegados desde las Américas y todas las regiones bajo dominio español.
Intelectuales en el exilio
En
palabras de Aullón, se cargó contra estos intelectuales en el peor
momento: «La expulsión de los jesuitas vino a destruir el sistema
educativo español. Se sucedió durante un momento en el que habíamos
alcanzado un alto nivel científico gracias a personajes -muchos
jesuitas- jóvenes, con un gran porvenir». El experto, incluso, baraja lo
que otros tantos autores defienden: que, desde entonces, nuestro país jamás se ha recuperado a nivel educativo de aquel golpe. Fernando García de Cortázar (catedrático
en Historia Contemporánea, colaborador de ABC y unos de los
participantes en el congreso de la UCM), recuerda por su parte que estos
jesuitas tuvieron que pasar también por la penuria de ser extinguidos
como Orden por el Papa en 1773. «A partir de entonces empezaron a funcionar como abates», señala.
Juan
Andrés y sus compañeros de Orden fueron recibidos a pesar de todo en
Italia, región en la que pudieron desarrollar sus teorías y dar forma a una tardía Ilustración española desde el exilio.
«Fueron sus protagonistas. En España no triunfó por las coacciones del
poder político, pero sí lo hizo a hombros de estos personajes en
Italia», destaca García de Cortázar. Expulsión de los jesuitas- ABCEn cierto modo, el verse privados de su patria les valió a los jesuitas, como élite intelectual de la época,
para reunirse y crear desde nuevos programas de estudios, hasta una
cultura que quedó plasmada a partir de entonces en multitud de obras.
«El exilio les sirvió para ser más prolíficos y trabajar pensando en España.
Produjeron una gran obra cultural que es española. España está donde
están sus libros y sus estudiosos», añade el catedrático y colaborador
de ABC.
En palabras de este experto, quedaron dispersos y
en una situación difícil, pero en un nuevo mundo que les ofrecía una
riqueza bibliográfica fuera de lo normal. Algo que les ayudaría a crecer
de una forma más que considerable a nivel intelectual. «Fueron la
expresión de esa gran cultura jesuítica que abandonó España, pero que siempre la llevó en el corazón», completa.
Aunque
no todo fueron alegrías ya que, además de vagar por Italia durante
bastante tiempo hasta que fueron acogidos en diferentes zonas, muchos no
tuvieron la suerte de ser contratados como profesores (el trabajo que
ejercían anteriormente) y se vieron obligados a malvivir. «A pesar de
todas estas dificultades, la Compañía de Jesús produjo una obra cultural de primerísimo orden en estos años. Su resultado se puede ver hoy en la exposición», añade García de Cortázar.
Juan Andrés, en Italia
Juan Andrés fue uno de los que más suerte tuvo ya que, tras pasar primero por Ferrara (al norte de Italia) y llegar después a la vecina Mantua, entró al servicio del marqués de Bianchi.
«Fue contratado como bibliotecario y profesor del que era uno de los
personajes más ilustrados y valiosos de la época. Este le acogió en su
casa como si fuera un familiar más, lo que le permitió disfrutar de unos
años de paz», añade Aullón. Motivado por el ansia de sabiduría de su
nuevo mentor, y ayudado por su gran biblioteca, nuestro protagonista
logró convertir el palacio de los Bianchi en un centro de peregrinación
intelectual.
Italia, su acceso a la cultura, y la
escasez de coacciones sirvieron también a Juan Andrés para dar rienda
suelta a todo su potencial cultural. Así, creó obras de gran importancia
internacional como «Saggio de la filosofía del Galileo».
Este texto fue publicado en Mantua en 1776 y destacaba la importancia
de estudiar la naturaleza en base a la experiencia y a la observación.
El prolífico jesuita también fue el autor de una carta que abordaba la
forma correcta de educar a los sordomudos en Europa. Eximeno- ABCPero estos trabajos no fueron los únicos. En 1782, por ejemplo, escribió el primer tomo de su «Dell'origine, progressi e stato attuale d'ogni letteratura».
Un estudio sobre el origen, el progreso y el estado de toda la
literatura de entonces. Así rezaba el prefacio del texto: «Esta es una
historia crítica de las vicisitudes que ha sufrido la literatura en
todos tiempos y en todas las naciones; un cuadro filosófico de los
progresos que desde su origen hasta el día de hoy ha hecho en todos y
cada uno de sus ramos; un retrato del estado en que se encuentra
actualmente, después del estudio de tantos siglos; una perspectiva,
digámoslo así, de los adelantos que le faltan hacer todavía». «Juan
Andrés hizo también la primera Historia universal y comparada de las Letras y las Ciencias», añade Ullón.
Con
todo, y como ya se ha señalado, Juan Andrés no fue el único ilustrado
jesuita en el exilio. Entre los más destacados religiosos expulsados por
Carlos III destacaron tres figuras. La primera de ellas fue Lorenzo Hervás,
quien elaboró el primer catálogo de las lenguas. «Lo hizo en el exilio y
gracias a que coincidió en Italia con los jesuitas que habían sido
expulsados de los dominios españoles en América. Tuvo una repercusión
universal», añade García de Cortázar. El segundo fue el musicólogo Antonio Eximeno y, finalmente, destacó también el Padre Isla. Este escribió «Fray Gerundio de Campazas», una crítica contra algunos predicadores de la época.
«En
total fueron 30 autores más otros tantos precedentes. Es una verdadera
ilustración científica, y no política, creada por cristianos»
Todos ellos formaron lo que, a día de hoy, se conoce como la Escuela Universalista.
Una forma de pensar y estudiar el mundo que supone uno de los momentos
más elevados de la cultura hispánica y, en general, del humanismo
moderno. Una tendencia cultural que se basaba en la idea de que el
progreso sociopolítico se debía sustentar en la evolución de la ciencia y
de la cultura.
«En total fueron 30 autores más otros
tantos precedentes. Es una verdadera ilustración científica, y no
política, creada por cristianos. Esta escuela cambia la idea que tenemos
de cultura moderna, que ya no se puede explicar con el enciclopedismo
francés o la ilustración alemana. El concepto tendrá que reconstruirse
con ella», determina Aullón.
Últimos años
Mientras
su lista de obras aumentaba, Juan Andrés comenzó una serie de viajes
por Italia y Austria con el objetivo de hacer acopio de datos en sus
diferentes bibliotecas. Travesías que dejó plasmadas en varios textos y
obras. Aquellos largos paseos por Europa debieron abrirle el apetito de
conocer mundo, pues en 1793 y 1794 recorrió también Alemania, Suiza y Austria junto a uno de los hijos del marqués de Bianchi.
Por desgracia, el inicio de la Revolución Francesa le
dejó atrapado en Mantua. Con todo, pudo huir a Roma y, desde allí, al
Ducado de Parma. «Gracias a su prestigio, Andrés fue requerido por el
Emperador austríaco Francisco I a reorganizar la Universidad de Pavía en
1799, pero ocupada nuevamente la ciudad por los franceses se reintegró a
Parma para tomar posesión del puesto de Bibliotecario Mayor del Ducado»
señala, en este caso, Giménez en su obra.
A pesar de su
huida constante de Napoleón, fue «atrapado» por la Revolución en Nápoles
allá por 1806. No obstante, con los galos siguió ejerciendo su trabajo
de director de la Real Biblioteca. Así, hasta que murió el 12 de enero de 1817 prácticamente ciego. Durante su exilio, pudo regresar dos veces a España, en 1798 (cuando Carlos IV abrió la puerta a los desterrados) y en 1814 (cuando
se restauró la Orden). Sin embargo, se negó. «No fue una venganza.
Estaba bien situado en Italia, se sentía como un exiliado y estaba
cómodo», añade García de Cortázar.
La lucha contra el olvido. Cuatro preguntas a Pedro Aullón
¿Por qué un congreso y una exposición de Juan Andrés?
Este
año 2017 es el bicentenario de la muerte Juan Andrés en Roma. Llevamos
30 años estuadiando su persona y esta era la ocasión de dar a conocer
nuestras investigaciones. Por eso hemos organizado el congreso y la
exposición. Esta cuenta con primeras ediciones italianas que estaban en
la Biblioteca Histórica de la Complutense. La exposición terminará en
junio. De momento ha tenido mucho éxito. Además, aunque el congreso se
clausura el próximo jueves, continuaremos haciendo seminarios y multitud
de actos relacionados con el personaje hasta junio, cuando entregaremos
el Premio Juan Andrés de Ensayo e Investigación en Ciencias Humanas. ¿Qué culminan estos eventos?
Ha
sido un proceso largo,. Hace 30 años nos dimos cuenta de que, lo que se
decía de que el siglo XVIII español estaba mal estudiado era una
realidad grave. Esta etapa no se había estudiado. Solo algunos flecos de
ella. Decidimos que había que empezar una investigación seria de una
buena parte de los materiales existentes, y no de unos pocos como obras
de teatro (como se había hecho hasta ahora). Una gran parte de ellos
estaba en Italia porque estaba elaborado por jesuitas expulsados. En el
97 publicamos la gran obra de Juan Andrés. Nos llevo bastantes años
terminarla. ¿A qué conclusiones han llegado?
Ahora
podemos decir que hay una Escuela Universalista, más otra treintena de
antecedentes inmediatos. Hemos establecido que los autores unen el
humanismo de tradición clásica con la ciencia moderna. Son newtonianos y
empiristas. Científicos modernos que asumen el humaismo antiguo llevado
a la época moderna. Es el universalismo científico de las culturas y de
los pueblos. Es la gran aportación de la investigación. Hasta ahora
existía fragmentada lo que es una gran Ilustración española que tiene
que ser representada en el marco de las grandes ilustraciones europeas.
Una Ilustración que no es política, como la francesa. ¿Hay relación entre la Escuela Universalista y la actualdiad?
Tuvieron
una visión global de la ciencia, la cultura y el mundo. Lo mas
interesante para nuestro tiempo es que ellos se adelantaron. Nosotros
vivimos una época de globalizan con inercia. Es decir, que no se ha
elaborado un pensamiento para dar sentido a la humanidad como progreso
de cultura humana y científica. La globalización es solo una inercia de
mercado. Ellos crearon un trabajo científico y humanístico que tenia ese
sentido de humanidad global. Es un gran ejemplo para ver que podemos
hacer ahora
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