EL CORREO DEL ZAR Apestando a Adolf Hitler ¿A qué olía el líder nazi? Al parecer nada bien, sobre todo después de Stalingrado 2 Conéctate Conéctate Jacinto Antón Barcelona 22 MAR 2017 - 07:26 CET
Bruno Ganz, en el papel de Hitler en 'El hundimiento'. Detrás, Heino Ferch como Speer.
Llevo días apestando a Hitler. Literalmente. Hace un tiempo el canal
temático Historia tuvo la curiosa idea de apoyar su serie sobre la II
Guerra Mundial Un mundo en guerra con el lanzamiento
promocional de una gama de perfumes que recogieran la esencia de los
principales líderes de la contienda. Cuando me llegó al diario una
muestra de esos “perfumes de la Historia”, traspapelé los pequeños
botellines que encapsulaban los olores de Churchill, Stalin, Mussolini,
Roosevelt, Tojo y Hitler entre las montañas de libros, carpetas y
recuerdos de viajes y me olvidé del asunto. Hasta que el otro día empezó
a emanar un efluvio intenso bajo el ordenador.
El doctor Morell, su médico personal, ha dejado constancia de la calidad tipo blitzkrieg de los flatos y evacuaciones del Führer
Era el frasco de Adolf Hitler que se había volcado y abierto, como si
el líder nazi tratara de regresar desde su botella en estos tiempos
revueltos. El Führer envasado huele muy perturbadoramente. A mí me
recuerda el aroma de una vieja peluquería masculina, de aquellas de
Varón Dandy y loción Floyd, mezclado con el olor de vesánica prepotencia
que reinaba en el despacho del director de mi viejo colegio. La nota de
cata que venía con el perfume indica que trataron de reproducir “el
aroma de las SS, de la desesperación de las víctimas o de finalizar de
una vez por todas la contienda” (debían tener en mente al Bruno Ganz de El hundimiento), “todo esto traducido en aromas de cuero, pimienta negra e incienso”.
El perfume que recrea la esencia de Hitler.
Como parte del líquido se ha vertido, además de encima mío, en la
zona de mi compañero de mesa, Carles Geli, he estudiado su reacción, a
ver si le entraban ganas de invadir Polonia. Pero se ha limitado a
arrugar la nariz y preguntar de dónde sale el pestazo. Al menos Tojo
huele a té verde. El experimento odorífero, para el que los responsables
se basaron en los paisajes y ambientes en que se movieron los
personajes o los colores y texturas de sus uniformes y trajes, resulta
interesante, pero en realidad Hitler, que sepamos, no olía a perfume
ninguno: no usaba colonia (aunque todo pide que utilizara Hugo Boss).
La persona que he conocido que más cerca estuvo de Hitler, el barón
Philipp von Boeselager, que trató de asesinarlo varias veces y compartió
mesa con él, me lo describió como un tipo repulsivo y sin modales, pero
no entramos a hablar de su olor. Ahora ya es tarde, porque Boeselager
ha muerto. Hubiera sido curioso ver qué opinaba de lo del perfume. Otras
fuentes han resaltado que Hitler en realidad olía a sulfuro de
hidrógeno, esto es, a huevos podridos, a causa de su incontrolable
flatulencia, especialmente a partir de Stalingrado. Albert Speer
testimonió las malas digestiones del Führer que se levantaba
apresuradamente después de comer y corría a sus habitaciones muy pálido.
Y eso que no comía carne, pero hay que ver qué daño pueden hacer la
coliflor y el brócoli en dosis masivas. El doctor Morell, su médico
personal, ha dejado constancia de la calidad tipo blitzkrieg de
los flatos y evacuaciones de Hitler, pese a las lavativas de
manzanilla. Así que en realidad, el mejor envasado del líder nazi
probablemente sea una bomba fétida. Y valga lo de bomba.
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