Jon Henley
Europa recordará el 2016 como un año horrible; los terribles atentados en Bruselas, Niza y Berlín, la vergüenza de Calais y el terremoto provocado por el Brexit.
Lamentablemente, 2017 podría ser igual de terrorífico.
O tal vez no. Si algo aprendimos en 2016 es que resulta imposible hacer
predicciones. A continuación describimos dos posibles escenarios para
el año que viene.
La alternativa más apocalíptica es la siguiente: otro atentado
indiscriminado y mortal a principios de año se convierte en un mal
presagio para un continente que perdió a 130 personas en 2016 como
consecuencia de acciones terroristas. Geert Wilders, el candidato holandés de extrema derecha se beneficia de esta situación y gana las elecciones generales que se celebran en marzo.
Apenas un mes más tarde, justo antes de la primera ronda de las
elecciones presidenciales en Francia, que se celebrarán el 23 de abril y
que podrían cambiar el destino del país, al cada vez más autoritario
presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdoğan
, se le acaba la paciencia. Bruselas prometió 3.000 millones de euros a
Turquía si el país perseguía a los traficantes de personas. Esta suma
debía servir para que Turquía pudiera lidiar con los cerca de tres
millones de refugiados que han llegado al país. Bruselas también se
comprometió a levantar la necesidad de visado para los ciudadanos turcos
que quisieran viajar a la Unión Europea y hacer avances para que el
país pueda ser un Estado miembro de la UE.
Sin embargo, a Europa le han horrorizado las medidas represivas
impulsadas por Erdoğan tras el intento de golpe de Estado de julio y los
europarlamentarios han instado a los gobiernos de los Estados miembros a
paralizar las negociaciones para la adhesión. Tampoco se ha llegado a
un acuerdo que permita a los turistas turcos viajar a la UE sin visado.
Por todo ello, Erdoğan podría decidir que ha llegado el momento de abrir sus fronteras y
permitir que cientos de miles de refugiados desesperados entren en la
UE si así lo desean, como es el caso de muchos de ellos, especialmente
los hombres más jóvenes.
Las cadenas de televisión de todo el continente muestran imágenes de
este nuevo éxodo de inmigrantes sumidos en la miseria coincidiendo con
las elecciones en Francia. A pesar de que los sondeos daban una clara
ventaja al candidato conservador François Fillon, Marine Le Pen , la candidata del Frente Nacional, el partido de extrema derecha y antiinmigración, sacude al país y gana la segunda ronda de las presidenciales en mayo.
En las elecciones de junio, el Movimiento Cinco Estrellas de Italia
(M5S) completa la conquista antiestablishment de tres de los seis
miembros iniciales de la UE. Coincidiendo con la llegada del otoño, la
creciente crisis de los inmigrantes y la amenaza terrorista propician
que un cuarto país corra la misma suerte. Muy debilitada como
consecuencia de los atentados mortales en un mercado navideño de Berlín,
Angela Merkel pierde las elecciones federales en Alemania.
Siguiendo el ejemplo del presidente estadounidense Donald Trump, los
gobiernos proteccionistas de Europa terminan con los acuerdos
comerciales multilaterales y cierran sus fronteras. En Holanda y en
Francia, Wilders y Le Pen convocan un referéndum para decidir si
permanecen en la UE (Nexit y Frexit respectivamente). Italia convoca un
plebiscito para decidir si vuelve a instaurar la lira.
Y, en último lugar, mientras los deudores y los acreedores de la
eurozona se tiran de los pelos y una desventurada, tambaleante y cada
vez más fragmentada UE está al borde del colapso, Grecia vuelve a hacer
la siguiente afirmación: “No puedo pagar y no pagaré”. Berlín y Bruselas le responden: “Se acabaron los rescates”.
Obviamente, no es necesario que ocurra la situación anteriormente descrita.
Los servicios de inteligencia y policiales de Europa podrían impedir
que los terroristas consigan llevar a cabo sus planes y Erdoğan podría
llegar a la conclusión de que, a largo plazo, no le interesa situar a
Europa al borde del abismo.
La reciente e inesperada victoria del político independiente y de izquierdas Alexander Van der Bellen
en Austria, que ha conseguido derrotar al candidato de extrema derecha
Norbert Hofer, podría ser un indicador de que el continente ha llegado a
un punto de inflexión y ahora se alejará de las opciones populistas.
Conmocionados por el evidente caos provocado por el Brexit y
estremecidos por la inestabilidad política que ha caudado la victoria de
Donald Trump en Estados Unidos, los votantes europeos podrían
pensárselo dos veces antes de votar a los partidos de extrema derecha
radicales y antiinmigración y optar por candidatos que les proporcionen
una mayor seguridad.
En Holanda, Wilders ha obtenido excelentes resultados en sondeos de
elecciones pasadas y, en cambio, se ha hundido el día de las elecciones.
Incluso si su partido consigue tener más representación en el
parlamento, será difícil que pueda formar una mayoría.
En cuanto a Francia, de momento nadie cree que Le Pen tenga una posibilidad real de ganar. Lo más probable es que Fillon gane sin problemas si modera su discurso en torno a un mercado libre.
Las reformas electorales previstas en Italia deberían introducir un
sistema de representación proporcional que imposibilitaría que un único
partido pueda formar gobierno. El M5S nunca ha querido integrar una
coalición.
Merkel logra convencer a los alemanes de que ella es la candidata que
les aporta una mayor seguridad. Grecia consigue, como siempre, salir a
flote. La UE finalmente comprende que si quiere sobrevivir tendrá que
aportar soluciones concretas a las necesidades y temores de los
ciudadanos.
Es un horizonte plagado de incertidumbres; muchos “y si”, “pero”, “tal
vez” y “podría ser”. A lo largo y ancho de Europa soplan vientos de
cambio, de ansiedad y de rechazo a la forma tradicional de hacer
política. Sería sorprendente que no se cobrará alguna víctima más del establishment .
Traducido por Emma Reverter
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