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Las principales ciudades españolas reflejan en los nombres de sus calles una sociedad eminentemente desigual.
De las más de 9.000 calles de Madrid, solo el 21% de las dedicadas a
personas tienen nombre de mujer. Las dedicadas a hombres son el triple.
El porcentaje de mujeres es similar en Barcelona —19%— y aún peor en
Valencia, 10%. La desigualdad no es solo de número. El 83% de las
mujeres que aparecen son santas, vírgenes o nuestras señoras.
Estas cifras son un legado de otras épocas porque el nombre de las calles se decide sobre todo cuando se crean. El ritmo urbanístico ha descendido con los años.
"¿Es por tanto discriminación? Es más bien un reflejo de cómo era la
sociedad cuando se bautizaron las calles”, dice Luis Aparisi, experto en
toponimia de Madrid. Pero no solo. Este desequilibrio histórico de
género no va a remediarse pronto por ejemplo en Madrid, donde el
crecimiento de la ciudad apenas ha reducido la brecha de género.
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Desde el año
2000, Madrid ha usado unos 350 nombres de personas en sus calles nuevas:
solo el 25% han sido de mujeres. Tras una casi paridad en la primera
legislatura de Alberto Ruiz Gallardón —48 hombres contra 35 mujeres—, la
tendencia se estrelló con la alcaldesa Ana Botella. En sus años de
gobierno hubo 78 nuevas calles con nombre de hombre y solo 8 de mujer.
Durante esos años hubo que buscar denominaciones para zonas como los
ensanches de Vallecas y Carabanchel o Sanchinarro, Montecarmelo y Las
Tablas. Los plenos del distrito que proponían los nombres tuvieron poco
en cuenta la paridad.
La alcaldesa
Manuela Carmena ha introducido de momento solo tres nuevos nombres: dos
hombres -el futbolista Alfredo di Stéfano y el político Pedro Zerolo —y una mujer— Lucrecia Pérez, primera mujer víctima de un crimen de racismo en España en 1992.
La
visualización de las calles principales dedicadas a hombres y mujeres es
una prueba más de la desigualdad. Los hombres dominan el centro y las
avenidas y las mujeres sobreviven en calles modestas de barrios poco
céntricos. Esta imagen da muestra también de cómo ha habido más atención
por los nombres de mujeres en años recientes en la periferia.
Barcelona hizo entre 2000 y 2010 una mayor
labor de paridad. La mitad de las calles bautizadas en esa década con
nombres de persona eran de mujeres, según datos del Consell de les
Dones. El Ayuntamiento de Barcelona no tiene la información de sus calles
actualizada para los alcaldes Xavier Trias y Ada Colau. El salto de
Barcelona es notable respecto a los años 1990-96, cuando hubo 120 nuevas
calles con nombres de hombre y solo 27 de mujer. Los Ayuntamientos de
Barcelona y Valencia no tienen actualizados sus callejeros y no tenían a
nadie disponible esta semana para comentar su evolución.
Vírgenes y santas
El reto para la representación femenina en las calles no es solo de número, también de perfil.
Si nos limitamos a los nombres precedidos por
el oficio de la persona, el motivo que ha llevado a la mayoría de
mujeres a tener una calle en Madrid es su santidad o un vínculo religioso:
“santa”, “virgen” o “nuestra” predominan en el callejero. El 83% de
mujeres cuya dedicación precede en la placa son religiosas. La santidad
de los hombres también es un número destacado, pero no tan aplastante.
Los hombres tienen profesiones más variadas, no solo militares o
religiosas. Hay un 70 doctores (9%), 19 alcaldes (2%), 15 maestros, 14
corregidores y 14 pintores. También profesores, concejales, poetas,
arquitectos, presidentes, aviadores, ingenieros, etc. El único oficio
que sale reflejado en la placa para dos mujeres en Madrid es “maestra”.
Barcelona o Valencia no ofrecen mejores datos generales.
El único rasgo
valenciano es que la ciudad tiene una mayor tradición de incluir el
oficio en el nombre oficial de su nomenclátor. Hay por tanto alguna
actriz, maestra o diputada más, pero también muchos más ingenieros o
arquitectos.
La velocidad con la que las mujeres podrían
recuperar terreno es baja: rebautizar una calle es un proceso complejo y
caro. No se hará excepto en casos de memoria histórica. Cualquier otro
cambio sin justificar es inviable: “Podríamos quitar el nombre de las
calles a la mitad de santas y ponerlo de científicas, pero generaría
malestar y gasto para la ciudadanía”, dice Berta Cao, asesora en
Igualdad del Ayuntamiento de Madrid. El equipo de la alcaldesa de
Gobierno ha optado por centrarse en mejorar la paridad en nombres de
equipamientos -centros culturales, educativos. En una ordenanza para
nombrar cuatro centros culturales en el Retiro se pide a los vecinos que
tengan en cuenta “la contribución de las mujeres, ya
que están infrarrepresentadas en este Distrito”. Los datos muestran que
el número de calles nuevas ha caído muchísimo en los últimos años.
Metodología. Nuestros
cálculos son una estimación a partir de los datos de calles que ofrecen
los ayuntamientos de Madrid, Barcelona y Valencia. El análisis se limita
a los nombres de calles con más de una palabra (si hay alguna calle que
se llame “Eva” o “Juan” no aparece en nuestros resultados). En los
datos de Madrid hay 9.132 calles distintas, de las cuales 4.987 tienen
más de una palabra. En Barcelona son 4.619 y 2.082, respectivamente, y
en Valencia, 3.706 y 2.406. El siguiente paso es averiguar si esas
calles tienen nombre de persona, y si es así, su género. Para eso hemos
cruzado la primera palabra del nombre de la calle —”Juan”, “almirante”,
“río”, “estación”, etc.— con una base de datos de nombres de hombres y
mujeres. Luego hemos revisado a mano los resultados para detectar
errores y mejorar la estimación. En Madrid hemos identificado 3.116
calles asociadas con personas, en Barcelona 1.303, y en Valencia 1.475.
Eso incluye nombres propios (“Santiago Bernabéu” o “Maria de Molina”),
nombres con sufijos genéricos (“Santa Julia”) y nombres genéricos
(“Hombres del mar”). Las calles que únicamente se definen por el
apellido las consideramos de género desconocido, a sabiendas de que
muchos serán apellidos de hombres.
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